El alpinista es quién conduce su cuerpo allá dónde un día sus ojos lo soñaron
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Gaston Rébuffat

lunes, 13 de agosto de 2012

Conclusiones



Ya seguros y a salvo de los italianos, puedo hacer un pequeño resumen de conclusiones por país visitado.
Italia: los conductores son una banda de anormales, por decirlo suave. Eso hasta que les dices que si te vuelven a hacer la pirula, igual te enfadas y les clavas un cactus en un ojo. Mucho lirili y poco lerele. Esperaba gente más hospitalaria, pero claro, son una versión nuestra en peor. El país, por otro lado, es espectacular, como ya sabía. Al final, lo que siempre se dice de los franceses, lo veo más para los italianos: un gran país con la pega de estar lleno de ellos… Florencia, Siena, Garda…sitios maravillosos. Pega más ir con chicas que con mendrugos varios, peeeeeeero, las chicas no tienen motos (generalmente) así que nos aguantamos y vamos en plan machote. Quizá un día nuestra suerte cambie…y las llevemos de coche escoba con las maletas, que pesan mucho y estorban (las maletas).
Suiza: es ordenado, limpio, perfecto. Como dice Jaime: es como te lo imaginas. Y es cierto. Puedes parar la moto en mitad de una rotonda, hacerte un bocadillo y echarte la siesta haciendo esperar a 10 conductores. Ni un va a pitarte, ni insultarte. Puede haber un grupo de vacas en mitad de la carretera, con sus pastores. Ellos van detrás y no piden que se aparten. Nosotros hacemos ruido con las motos y al final nos hacemos un hueco. Hay quién pensará que son más aburridos que un videojuego de pesca (sí, los hay), y tendrán razón. Son aburridos, pero civilizados. No puedes pedir que sean salaos como nosotros y encima educados. Una cosa u otra.
Francia: conductores educados y gente hospitalaria y amigable. Si pusieran algunos miles de rotondas menos, el recorrido por carreteras secundarias sería mucho más agradable. Aun así, circular por el Langedoc, los Pirineos o la Provenza, merecen mucho la pena. Los camping están cuidados y son mejores que los italianos, en general. Al menos, no todo es tierra seca que te llena de polvo la tienda y todo lo que irremediablemente tiras al suelo. Lo que no me gustó es que nadie entendiera francés en Francia. Sé decir pocas cosas, pero las digo bien, y no me entendía ni dios. Eso, o no querían. Al final te haces entender, pero coño lo que cuesta pedir un café con leche con hielo. O te ponen helado, o te echan el hielo en la taza, o te miran como si fueras aún más tonto de lo que eres.
Mónaco: no es país como tal, ya lo sé. Pero tiene principeses y todo. Y Barcos. Y dinero. Y casas tipo Benidorm. Un despropósito de ciudad (Montecarlo) en un lugar privilegiado con un mar de un azul tan intenso que es difícil imaginar. Mar y montaña. Sería perfecto sin la cantidad de mermaos con barcos más grandes que el edificio de 11 plantas en el que vivo. Supongo que si tuviera el mismo dinero, me parecería otra cosa. Siendo paupérrimo (o más), casi mejor me quedo en otro sitio.
Tras 4418 Km en moto te das cuenta que has tenido más tiempo para ti que en todo el resto del año. La moto es soledad, y emoción, y todo tipo de sensaciones. Tiene sus miserias, como toda aventura, y sus alegrías, como cuando llegas a lo alto de un paso lleno de curvas y puedes, por fin, parar y respirar con el trabajo hecho. Un viaje en moto es un cúmulo de sensaciones. Sientes cada piedra bajo la rueda, sientes el viento que te desplaza y desequilibra, el olor de las plantas y de las vacas, las masas de aire caliente, y las frías. Te mojas si llueve, y tienes frío. Y te cueces si hay 40 grados. Sientes miedo ante una curva peligrosa, y se te acelera el corazón en los adelantamientos. O tiemblas antes de hacer el Stelvio de pura emoción. Vives todo con intensidad. Y es esa intensidad la que da sentido a nuestras vidas de normal monótonas. Hay gente que se pasa el día haciendo el capullo para que sus vidas sean relevantes para otras personas, mientras otros, como yo (o mis amigos) hacemos esto por el puro placer de sentir y así, que nuestras vidas tengan relevancia para nosotros mismos. La moto no es un medio de transporte; es una manera de entender la vida. 
Uno no sale de un viaje así sin más. Las carreteras pasan por ti y no al revés; sus lugares, sus bondades y maldades; sus gentes. Ahora, con el culo cuadrado, quiero tirar la moto por un barranco, pero en seguida veré el siguiente objetivo: Eslovenia, Croacia, Cabo Norte… Quién sabe dónde nos llevará la carretera…

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